Lisbeth Curay: “La poesía es honesta desde la contención”

FOTO LISBETH

Iniciamos un nuevo ciclo de entrevistas dedicado a autoras de poesía en colaboración con Lexitrans Perú. La primera autora elegida es la antropóloga, gestora cultural y poeta Lisbeth Curay (Lima, 1993).

Además de escritora, esta autora es miembro de Cinco Minutos Cinco, asociación cultural que promueve las artes audiovisuales como medio de empoderamiento y participación ciudadana en Lima Sur. Actualmente trabaja en temas de género y empoderamiento de las mujeres para el Ministerio de Cultura. Ha publicado Zoa (Editorial Bisonte, 2021) y sus poemas han sido incluidos en diversas revistas nacionales e internacionales. Ha sido reconocida con el Premio Iberoamericano de Juventud 2019.

 

Por Ana Rodríguez
Crédito de foto: Mario Zúñiga Lossio

 

¿Cómo te aproximas a la poesía desde la antropología?
Un compañero antropólogo veía relación entre mi poesía y Lévi-Strauss, lo cual me sigue causando bastante gracia. Como antropóloga, mi poesía se nutre de mitos, de lo que cuentan los maestros, los chamanes (que no necesariamente son mitos), de las historias de vida de la gente en general. Hay una mochila de antropóloga, pero no es consciente. Más que antropóloga, soy gestora cultural: me dedico a la organización de eventos culturales desde muy chica. Ahora, sin embargo, estoy trabajando en el equipo de producción de una película. “El poder holístico de la antropología” lo llaman algunos.

 

Eres parte de Cinco Minutos Cinco, que organiza festivales de cine. ¿Hay relación entre el cine y tu escritura?
Soy una poeta que presta mucha atención a las imágenes, me gustan mucho las películas experimentales. Mi poesía se nutre mucho de las películas. En Zoa no tengo poemas dedicados a películas, pero por ahí tengo algunos sueltos a propósito de películas que he visto y me han gustado, definitivamente me he nutrido de imágenes cinematográficas para algunos versos.

El cine tiene más influencia que la antropología en mis poemas. Me gustan las películas con buena fotografía y arte, imágenes que mis ojos no esperaban ver. Opto por las imágenes bellas. Cronenberg ocupa para mí un lugar importante, Lucrecia Martel también. Estoy empezando a ver cine coreano. Y me gusta mucho Apichatpong Weerasethakul y Aki Kaurismäki.

 

En Zoa confluyen los organismos y lo orgánico.
Los libros son orgánicos… Pensé en lo que a mí me asombra, constantemente, desde pequeña. El libro está dedicado a mi mejor amiga, que falleció en un accidente en el 2012. Yo creo que cuando alguien muere, los que se quedan en el mundo físico empiezan a ser más conscientes de la vida a su alrededor. La capacidad de asombro que reconozco que he tenido siempre, en ese momento se explaya.

Hice un ejercicio de coetaneidad: no ver a los animales como seres inferiores, sino observar hasta que algo de su ligereza entre en mis articulaciones, parafraseando a Rilke. Hice mucho ejercicio de observar, ir a los parques. Siempre me gusta estar viendo mucho, “observación participante” dirían los colegas. Aunque con los animales es distinto porque no tienen consciencia de sí mismos.

 

En algún momento pensaste en ser bióloga.
Cuando terminé el colegio estaba entre antropología, literatura o biología. Al final me quedé con antropología porque combinaba todo lo que quería estudiar. Mucho tiempo estuve pensando en la biología, específicamente en la zoología (pero la zootecnia no era lo que yo quería). Siempre he tenido una fuerte relación con los animales. Me escogían a mí, desde el colegio, los rescataba. Hasta ahorita me encantan, tienen que ver con la naturaleza. Están en el puesto número uno de lo que más me causa asombro. En el puesto 2 están las plantas, los bosques y ecosistemas.

No pensé el libro como un bestiario. Abro con un epígrafe del réquiem que le escribe Rilke a una amiga: tan lleno de vida, tan orgánico, con imágenes tan presentes. Yo quería escribir algo parecido.

 

Hay una influencia zen, de aceptación, en tus textos.
Sí, recuerdo haber leído en la universidad a un filósofo peruano que afirmaba que la muerte no existe; te conviertes en otro organismo, es un continuum. La muerte no existe y así quería recordar a esta amiga y plasmarlo en el libro. En cada cosa que me cause asombro, en cada cosa que me ofrezca la naturaleza, siempre está. Vendría a ser parte de una aceptación, de un consuelo, pero pensarlo así me hace sentir bien.

Creo que la poesía tiene que tener mucho de contención. La poesía es honesta desde la contención. Veo a la poesía como ejercicio de contención.

 

¿Cómo fue el trabajo con Bisonte Editorial?
A Joe [Montesinos] lo conozco muy joven, desde los 19 años. Leí su poesía en un blog, me gustó mucho, le escribí y nos hicimos amigos. A los 20 años le dije que quería publicar un libro. No era Zoa, era otro totalmente malo. Y Joe, como editor, me dijo que había muchas cosas rescatables, pero le faltaba reposar.

Escribí Zoa de los 19 a los 23 años. Salió en el 2021, cuando tenía 28. Joe y Julio Isla me ayudaron mucho con el proceso de pulido, con algunas anotaciones, algunos autores. Joe es la primera persona que me presta libros para que nutra mi poesía. He tenido mucha suerte con la editorial y los amigos que me ha dado la literatura. La literatura te da buenos amigos si tienes suerte.

Joe, al inicio, me dio a leer tres poetas: Juan Carlos Mestre (“Un poema no es una misa cantada”), Wáshington Delgado (creo que era una antología) y Carlos López Degregori (“Aguas ejemplares”). Julio me recomendó a Inger Christensen, que es una maestra de la poesía.

 

¿La estructura fue algo que pensaste con la editorial?
Eso sí lo pensé sola, como para tener un orden. Soy muy estructurada en mi vida y mi trabajo. Y quería que mis poemas estén ordenados. En momentos más creativos, me aparece el 21 con frecuencia. No he encontrado una explicación lógica, pero me comentaban que es un número muy creativo. A mí solo me aparece cuando estoy en una chamba creativa ardua.

 

Además de la escritura creativa, has trabajado temas de género en el Ministerio de Cultura. ¿Esta búsqueda también está en tu poesía?
Evocar a la naturaleza, volver a la naturaleza podría estar dentro de los estudios de género. Volver al cuidado hacia los animales, es hablar de ecofeminismo: volver al cuidado de los otros seres para reconocer y reafirmar nuestra ternura que a veces es muy subyugada, vista mal, reconocer que no solo somos ecodependientes, sino que además vivimos encarnados en nuestros cuerpos vulnerables. No existe ningún ser humano que se pueda considerar independiente, somos ecodependientes y somos interdependientes. A los hombres les cuesta más entender “el cuidado” porque siempre las mujeres estamos designadas al cuidado de la familia, de los hijos. Siempre estamos cuidando. El ecofeminismo habla mucho de volver a ver a la tierra primero, para entender todo lo que está pasando con el cambio climático. Eso implica un muy buen ejercicio de enfoque de género, de pensar en la economía ecológica y el propio cuidado como organización de la vida en común. “El cuidado” como faro de la política.

 

La ecología y el feminismo me vuelve a llevar a lo orgánico y la materialidad. Se ve lejos de lo digital.
Me inmiscuí muy tarde en Internet. Me parece una locura intervenir mis cuerpos orgánicos (como tú los llamas) y yo también siento así a mis poemas. No me siento identificada con lo virtual. Cuando estaba en la universidad, estaba muy fuerte esa influencia. Y ahora ha vuelto la electropoesía, con los hipervínculos. La idea de la poesía como un cuerpo que se puede intervenir está muy bacán.

De niña tampoco he sido muy cercana a la televisión. En mi casa no tuvimos televisor como diez años; antes de eso, sí teníamos (era por horarios) y recuerdo que teníamos radio. Y siempre escuchábamos radio, casi nunca veíamos televisión. Algo en lo que yo me fijo ahora mucho es en las voces. Me fijo mucho en la voz de una persona, si su voz me parece bonita o no.

 

¿Qué voces poéticas te acompañan?
Me están acompañando muchas mujeres y quiero que sea así. Clara Janés, una poeta que conocí hace un año, y quedé prendida con “Orbes del sueño” y “Los secretos del bosque”. Está la narrativa de Lorrie Moore. Entre las poetas peruanas: Lola Thorne, Magdalena Chocano, Mercedes Delgado (con su poemario “Peces de betún” que valdría la pena que reediten).

La poesía que estoy escribiendo ahora es un poco metafísica. El nuevo libro está influenciado por mujeres biólogas, matemáticas, mujeres de ciencia.

 

En Zoa está el tema de la memoria.
Todo el libro evoca memoria. Los animales y las imágenes que seleccioné giran en torno a la memoria personal que me evocaba esta amiga. Quería ver el libro como un monumento que lucha contra el olvido. Quería que el libro fuera un monumento personal, que me recuerde los años en que lo escribí, las cosas que me asombraban en ese momento, por qué lo hice, para quién lo hice. En ese sentido, “El monumento”, de Mark Strand, que es un poemario bellísimo, me ayudó a hacer este monumento que se puede llevar a todos lados, que se puede compartir. El libro como monumento personal comparte información que no te gustaría olvidar jamás.

 

LOS CINCO LIBROS FAVORITOS DE LISBETH CURAY

  1. Eso, de Inger Christensen.
  2. El monumento, de Mark Strand.
  3. La trompetilla acústica, de Leonora Carrington.
  4. Réquiem para una amiga, de Rainer María Rilke.
  5. Dog songs, de Mary Oliver.


Hay 1 comentario

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  1. Maria Eugenia Rodriguez

    Es una entrevista muy inspiradora nos invita a seguir la poesía de Lisbeth Curay para disfrutar de la magia de la naturaleza animal. Gracias Ana por difundir a esta gran artista.


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